Cuando Boston comenzó a romper la “Maldición de Ruth” (I Parte)

Hace 15 años, un día como hoy, el lanzador nacido en Alaska, Curt Schilling, llegó a 20 triunfos, en la temporada en la que ganaron la Serie Mundial, tras 86 años de sequía. El cartagenero Orlando Cabrera bateó de 4-2 y anotó dos veces en el triunfo patirrojo.
Eliexser Pirela

Un día como hoy, 16 de septiembre pero de 2004, los Medias Rojas de Boston lograron un importante triunfo sobre los Rays de Tampa Bay, con pizarra de 11-4, para sumar su ganancia número 88 y acercarse a la clasificación hacia la postemporada, con el puesto de comodín, en lo que sería la campaña en la que romperían lo que los amantes del béisbol llaman “La Maldición de Babe Ruth”, que los dejó sin títulos en los anteriores 86 años.

La victoria de ese día se la llevó Curt Schilling, quien dejaba su registro en 20-6, al trabajar en siete entradas y dos tercios (7.2 inning), aceptar ocho hits y permitir cuatro carreras, con seis ponche propinados y un boleto otorgado.

Del lado ofensivo Boston contó con el aporte de Kevin Millar y Johnny Damon, quienes se fueron para la calle, además del bate alegre del colombiano Orlando Cabrera, quien se fue de 4-2 y anotó un par de carreras y  también se robó una almohadilla, la número 16 de la temporada.

Recordemos que los Medias Rojas, ese día 16 de septiembre, con la ganancia le sacó seis juegos de diferencia a los Angelinos de Anaheim (hoy de Los Ángeles), en la lucha por el wild card, porque en la división, los Yanquis de Nueva York  comandaban con 92-54, pero ese gallardete divisional no le sirvió de mucho a los Bombarderos del Bronx, porque Boston, dirigidos por Terry Francona, y guiados por los brazos de Schilling y el dominicano Pedro Martínez, ganaron la Serie Mundial.

Camino victorioso

Tras ganar el puesto de comodín, a los Medias Rojas les tocó como rival en la postemporada enfrentar a los campeones divisionales del oeste, los Angelinos, en una serie para el mejor de cinco juegos. Boston despachó en tres juegos al conjunto californiano, al vencerlos  9-5 el cinco de octubre en Anaheim, luego la pizarra marcó 8-3 y en Boston, ante su afición, Medias Rojas dio cuenta de su rival 8-3, para lograr el pase a la siguiente instancia, la pelea por el título de la Liga, ante los Yanquis de Nueva York.

Esa serie ante los Bombarderos es, sin dudas, la más recordada por los bostonianos y hasta por los propios seguidores de los Yanquis, porque ha sido la única, en la MLB, en la que un equipo ha podido reponerse de un déficit de 0-3 para ganar una serie. De hecho, en los más de 140 años de existencia de las Grandes Ligas, esa ha sido la única.

Ante los Yanquis (que venían de eliminar a los Mellizos de Minnesota) y en Nueva York, los consentidos de Francona fueron derrotados con pizarra de 10 por 7 en el primer compromiso. Luego  el segundo  juego fue más cerrado, porque el marcador finalizó 3-1 también a favor de los entonces dirigidos por Joe Torre. La serie se mudó a Boston, en donde los seguidores del equipo patirrojo plenaron el Fenway Park, comprando 35 mil 126 localidades. Pero la hegemonía de Nueva York se hizo más notoria con una paliza de 19-8 sobre Boston. Es que los bates Yanquis no tuvieron piedad de los lanzadores bostonianos, especialmente Hideki Matsui, quien se fue de 6-5 con dos jonrones, cinco anotadas y cinco empujadas, Alex Rodríguez, de 5-3 con un cuadrangular,  cinco anotaciones y tres producidas, Gary Sheffield, de 5-4 con otro vuelacercas, cuatro anotadas y tres impulsadas y Bernie Williams, quien se fue de 6-4 con una anotadas y tres remolques.

El mito de la “Maldición de Babe Ruth” se hacía presente en cada bar, restaurante, supermercado, estación de gasolina, tren, o en cualquier rincón de toda la región de Nueva Inglaterra.  La frase célebre y lapidaria que se hacía presente en toda esa geografía, cercano a esa fecha durante los anteriores 86 años “Será hasta el año que viene”, se volvía a escuchar, con un eco lastimoso pero a la vez ensordecedor, en los oídos de los seguidores del gran Boston.

La serie se encontraba 3-0 a favor de los Yanquis y con dos juegos por efectuarse en la casa de los Medias Rojas, ni el más optimista de los seguidores del equipo, o el más pesimista de los aficionados de Nueva York, pudieron imaginar la pesadilla que se le avecinaba a los Bombarderos (sueño idílico para Boston), en los siguientes cuatro juegos, porque si, la serie llegó al séptimo y decisivo choque.

Remontada histórica

Pocos seguidores de los yanquis desean recordar el desenlace de esa serie de campeonato, mientras que por el contrario, a los bostonianos les suenan fuegos artificiales en sus mentes cuando hacen remembranzas de esos cuatro compromisos.

Recordemos que Boston juagaba con la pesada presión que significaba una derrota, porque para ellos no había un mañana si los Yanquis sumaban otra ganancia. Del otro lado los del uniforme blanco con rayas negras tenían la serenidad de “poder permitirse, dos y hasta tres juegos”, porque nunca algún equipo había superado un déficit de 0-3… Es que nunca pensaron que siempre hay una primera vez.

El cuarto juego de la serie lo estaba ganando Yanquis con pizarra de 4-3 en el noveno inning, con el panameño Mariano Rivera (quien recientemente se convirtió en el primer jugador en ser exaltado al Salón de la Fama de manera unánime) siendo llamado para cerrar la novena entrada, como lo había hecho en innumerables oportunidades, de manera positiva, y nadie podría pensar que esa noche iba a ser la excepción.

Por cierto, Rivera ya había trabajado en el octavo tramo y lo había retirado sin problemas.  El noveno inning de los Medias Rojas lo inició Kevin Millar con boleto. Francona sustituyó al bateador por el rápido Dave Roberts (actual estratega de los Dodgers de Los Ángeles), quien se robó la segunda almohadilla, encendiendo las esperanzas de Boston.  Bill Mueller vino con el madero y conectó un imparable que trajo al plato al veloz Roberts. Rivera salió del episodio, pero lo hizo seriamente “lastimado”, porque no pudo evitar que Boston empatara el compromiso.

El choque llegó a 12 actos, hasta que el dominicano David Ortiz dio laberíntico cuadrangular ante el relevista Paul Quantrill, con Manny Ramírez en la inicial, porque había disparado un sencillo y el juego terminó 6-4 a favor del “Glorioso Boston”.

El quinto juego fue casi una copia al carbón del compromiso anterior, con algunos protagonistas repitiendo su papel, pero con otros jugadores siendo víctimas de la ofensiva de Boston.

Nuevamente Yanquis llega a las postrimerías del juego (bueno, fue en el octavo tramo) con el marcador a su favor, esta vez 4-2.  David Ortiz nuevamente la sacó, pero esta vez fue ante el relevista Tom “Flash” Gordon y llevó el juego a la entrada 14, en la que el dominicano, nuevamente, fue el artífice del lauro bostoniano, cuando le dio un imparable al relevista Esteban Loaiza, que remolcó a Johnny Damon.

El resultado mudó la serie a Nueva York, en donde surgiría el campeón del joven circuito y el representante de la Liga Americana en la Serie Mundial. Los Yanquis seguían como los líderes de la serie tres triunfos por dos.

En la Gran Manzana el nuevo protagonista del juego fue Curt Schilling, quien con todo y una seria lesión en un tobillo (las cámaras de televisión presentaron reiteradamente primeros planos de los zapatos del nativo de Alaska, y allí se notaban una gran mancha roja en las medias del lanzador), dominó a los bates de Nueva York. En siete innings Schilling permitió cuatro hits y una carrera a los Yanquis. El juego terminó 4-2 a favor de Boston, apuntalados en un jonrón de tres carreras de Mark Bellhorn, para igualar la serie a tres triunfos por lado.

Llegó el histórico

Los Yanquis montaron en la lomita al costoso Kevin Brown, pero los bates de Boston lo irrespetaron y le hicieron cinco carreras en apenas un inning y un tercio (1.1 entradas). Ya en el segundo acto Boston estaba 6-0 sobre los Yanquis. Derek Lowe en seis entradas de labor apenas permitió un hit y una carrera, mientras que la ofensiva la encabezaban, nuevamente  David Ortiz, con apoyo de  Johnny Damon y  Mark Bellhorn, con cuadrangulares productores, especialmente el segundo de los mencionados, quien se fue para la calle dos veces.

La pizarra terminó 10-3 a favor de Boston y los Medias Rojas lograron algo que ningún equipo había hecho, ni lo ha logrado desde entonces, como lo es remontar una desventaja de 0-3 para ganar una serie de postemporada.

El colombiano Orlando Cabrera fue una de las piezas importantes de Boston en esta serie, porque terminó de 29-11 para un excelente promedio de .379, con cinco carreras anotadas.

Retomando el tema, todos sabemos que en la Serie Mundial, frente a los Cardenales de San Luis, Boston rompió la sequía de 86 temporadas sin ganar una Serie Mundial, cuya historia presentaremos, si Dios quiere, entre el miércoles 18 y el viernes 20 de septiembre, cuando en Sportaccion  publicaremos los dos siguientes capítulos de esta zaga, en homenaje a uno de los equipos con más seguidores en el mundo, los Medias Rojas de Boston.

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