Express, última victoria de Juan Vicente Tovar (I parte)

El pasado 28 de noviembre se conmemoró (posiblemente muy pocos lo recordaron) la fecha del último triunfo del gran jinete venezolano Juan Vicente Tovar, uno de los mejores jockeys en la historia del hipismo latinoamericana, y hasta nos atrevemos a decirlo, del mundo. Es que sus 16 estadísticas ganadas de manera consecutiva, más sus extraordinarias actuaciones en los hipódromos en los que actuó, confirman lo que hemos afirmado.
Eliexser Pirela

En Sportaccion queremos darle honro a quien muchos consideran, y no vemos argumentos para refutarlo, el mejor jinete venezolano de todos los tiempos y uno de los más brillantes del planeta, el caraqueño Juan Vicente Tovar León,  de quien, el pasado jueves su cumplieron 21 años de su último triunfo, con el ejemplar Express, en una carrera ordinaria efectuada en el Hipódromo La Rinconada, en Caracas.

De ese lauro sólo diremos eso: el nombre del caballo, la fecha y el lugar, pues es lo único de lo que se tenga referencia y es lo de mayor valor, para justificar este trabajo periodístico. Lo que si nos vemos obligado a destacar es la admirable carrera profesional de este diminuto venezolano, quien nación en  “el 24 de mayo de 1950, en la 3° calle de Los Cujicitos, casa N° 37, DDT-425, de la caraqueñísima parroquia San José”, como lo indica el portal digital anecdotashipicas.net, medio del que tomaremos la mayor cantidad de información para destacar el presente artículo.

Tovar, o como era conocido “el negrito de San José”, o simplemente JV, realizó grandes hazañas en una pista de carreras de caballo. Fuimos testigos, cuando cumplíamos funciones al lado de Rafael Galicia como corresponsales de los diarios Últimas Noticias y El Mundo, como Tovar logró lo que nadie ha podido igualar… ganar las tres pruebas más importantes de la velada internacional que enmarca al Clásico del Caribe.

Aquel  dos de Diciembre de 1990 JV intervino en las tres pruebas clásicas que se organizaron en el entonces moderno Hipódromo de Santa Rita, en una tarde lluviosa (cayó lo que en Venezuela llamamos un aguacero) y, sorprendidos, vimos cómo se alzaba con el Clásico Confraternidad del caribe para yeguas, con la monta de Mon Coquette, que en final electrizante venció a la también criolla Stillwater;  luego hizo lo propio, en la versión machos con Randy, con una lucha muy fuerte con Súper Sergio, lo que dejó un tiempo récord para el evento; para después  sellar con un colofón dorado el triunfo en la principal prueba, el Clásico del Caribe, al imponerse sobre Don Fabián, con un muy emotivo final sobre el panameño Espaviento, para delirio de los miles de asistentes que colmaron el óvalo de Santa Rita, y los millones de venezolanos que observaron la proeza a través de la televisión. Esa competencia también terminó con récord de pista.

Sus inicios

Tras explicar esta hazaña de Tovar, es importante poder hablar, rápidamente, sobre los inicios del niño Juan Vicente. Según el mencionado portal, el menor de los cinco hijos de Pedro Tovar y María León de Tovar estudió en la escuela primaria Antonio Ernest, pero ante las serias necesidades financieras por las que atravesaban, obligaron a Juan Vicente a trabajar desde muy corta edad. Lo primero que hizo fue ser “plisador de ropa femenina en el Almacén Maden, de la esquina de Salvador de León”, refiere el portal.

La vida y la carrera de Tovar son tan amplias que trataremos de desarrollarlas en dos presentaciones, y aun así nos quedaremos muy cortos para completar la brillantez de este gran deportista venezolano.

Ya el pequeño Juan Vicente creciendo y con el deseo de incursionar en el mundo del hipismo, porque al ser de talla pequeña muchos le recomendaron la profesión de jockey, ingresó a la Escuela de Jinetes. Tras salir aprobado del mencionado ente educativo-deportivo, “el negrito de San José” participa en su primera temporada en el Hipódromo La Rinconada. Allí logró su primer triunfo con el ejemplar Soroa, el dos de marzo de 1974. Fue el primero de 41 ganancias que sumó esa campaña. Perdió el título de Aprendiz del año ante su compañero Argenis Rosillo, quien se lo arrebató en la última semana de competencias. A Tovar le dieron la Mención Honorífica.

Continuó su accionar en el óvalo de Coche (así es conocido el hipódromo capitalino) y fue mejorando cada año, pero una lesión lo sacó de competencias en la temporada siguiente. Es que ese año de 1975 lo inicia siendo uno de los noveles que más prometían a la hora de montar un ejemplar. En septiembre de ese año suma su primera prueba selectiva, al ganar el Clásico Cavepro con el caballo Arañazo, uno de los menos favoritos de la competencia… lo que en el mundo del hipismo llana “batacazo”. Es que Arañazo, un caballo del recordado Heberto Castro Pimentel y que fue presentado por el gran Domingo Noguera Mora, venció a los grandes favoritos de la competencia, Gran Tiro y Guache.

Su lesión

Ya hemos mencionado que en ese año 1975, en plena línea de ascenso en su carrera, Tovar sufrió una aparatosa caída, en una mañana de traqueos (ejercicios matinales a los que son llevados todos los ejemplares purasangres, para mantenerlos preparados para sus competencias oficiales), cuando se cayó del caballo Sapuare. Su extremidad que sufrió más los efectos de la caída fue su pierna derecha, diagnóstico que hizo temer hasta por su continuidad en las pistas. Por su cabeza, estando en la cama, no sólo pasaba el problema físico por el que estaba pasando, sino también la preocupación de una deuda recientemente adquirida, cuando le compró una casa a su mamá.

 Pero la tenacidad y la persistencia que siempre sobresalieron en este “pequeño gigante” lo llevaron a cumplir a plenitud todo el tratamiento y las terapias necesarias para que, en apenas cuatro meses, tras ese diagnóstico en el que “casi” lo retiraron de la pista, Juan Vicente regresó a montar ejemplares en La Rinconada.

Hasta el clavo que le habían puesto para unir sus huesos se lo habían retirado. Por cierto, una anécdota muy curiosa encierra ese clavo. En la pared de su casa, en donde se encuentran la mayoría de sus trofeos (son tantos que no caben en una sola habitación), una visita vio que el primero de sus Casquillos de oro (premio que le entregan al ganador de la estadística de jinetes), colgaba separado y con un dispositivo muy diferente a los que sostenían a los demás en la pared. El visitante le preguntó el porqué de ese detalle y Tovar le respondió: “Hace años, en 1976, siendo un aprendiz, tuve una rodada que por poco me saca de la película, me deja sin trabajo. Me operaron e incrustaron un clavo en el fémur. Después, ya sin molestias, me lo retiro el Dr. José Lara Díaz. Cargué con mi clavo a casa; y ese que ves ahí es, justamente, el clavo que sostiene a mi primer Casquillo de Oro», relata el portal consultado, anecdotashipicas.net.

Esperamos que lo presentado hasta el momento le motive a leer, en la próxima entrega, la parte final de esta zaga, sobre la vida y obra del gran Juan Vicente Tovar.

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