Hasta luego amigo

Hoy estoy muy triste… triste porque uno de mis mejores amigos ya no está con nosotros, aun cuando estoy seguro de que se encuentra en un lugar muy especial, porque esa es la promesa que tenemos todos quienes amamos a Dios, como él lo amó.
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Hoy estoy muy triste… triste porque uno de mis mejores amigos ya no está con nosotros, aun cuando estoy seguro de que se encuentra en un lugar muy especial, porque esa es la promesa que tenemos todos quienes amamos a Dios, como él lo amó.

Pero bueno, así son las cosas y el Creador lo decidió así y así lo aceptamos. Es que este amigo, reitero, resultó uno de mis mejores por no decir el mejor, fue quien me enseñó a amar primero a Dios por sobre todas las cosas, aspecto que  con su ejemplo me lo demostraba cada día; pero además me enseñó el valor del honor, la honestidad y la responsabilidad, aspectos que terminaron de amoldar mi carácter y mi forma de ser.

Si a esto le sumo que también me enseñó a amar al deporte en toda su esencia, por ser una válvula de escape para toda esa presión que podríamos tener en ciertos momentos de nuestras vidas… todos entenderían la razón por la que, desde niño, siempre quise ser un “deportista”, meta que no logré; tal vez por no tener la posibilidad de practicar una actividad deportiva organizada -aun cuando si lo hice en las diferentes dimensiones que la informalidad me lo permitió, junto con mis hermanos y amigos, como pelota de goma, fútbol con un balón hechos con trapos, el  baloncesto con un balón de voleibol y un aro de bicicleta como cesta, entre otros-  pero si logré ser un “deportista” a través de la cobertura de los distintos eventos en los que he disfrutado trabajar, como los Juegos Bolivarianos de Maracaibo 1989 (mi primera experiencia como periodista, esa vez como pasante de Niños Cantores Televisión), algunos juegos de las Grandes Ligas; desde Houston y Miami,  la cobertura de las eliminatorias mundialistas de las copas Corea-Japón 2002 y Alemania 2006; siguiendo a la Vinotinto, varios Juegos Deportivos Nacionales y   la gloriosa pelota profesional venezolana.

Igualmente mi amigo me enseñó a amar al boxeo, el hipismo como actividad deportiva y sobre todo al béisbol…  esto último, como un  efecto dominó,  me llevó a amar y admirar a los Yanquis de Nueva York; allá en las Grandes Ligas y a las Águilas del Zulia, en el béisbol doméstico venezolano. Como periodista de un medio de comunicación no debería presentar oficialmente mi inclinación sobre una organización deportiva, pero como humano no puedo evitarlo, porque ese, mi amigo, así me lo enseñó y me lo inculcó y eso quedó muy arraigado dentro de mí… tanto que de todos los temas que siempre teníamos para desarrollar en nuestras tertulias, las dos que siempre se llevaron la mayor parte de estas fueron las que involucraban a Dios y las que se referían a  los éxitos y fracasos de los mulos  y los rapaces.

Cómo no admirar a boxeadores como Sugar Ray Leonard, Roberto “Mano e’piedra” Durán, nuestro Betulio González, entre otros, si sus grandes peleas me hicieron madrugar para poder disfrutarlas, claro, siempre junto con mi amigo y mis hermanos… Gracias a ese ser tan especial aprendí a admirar y a seguir a protagonistas del hipismo criollo como los ejemplares Torrejón, Trinycarol y el corajudo Big Secret; así como a los desaparecidos don Balsamino Moreira y Juan Vicente Tovar, todos ellos, al igual que otros tantos que   escribieron sus nombres con letras de oro tanto en la historia misma como ese rincón de mi propio corazón, en donde hay y habrá siempre un lugar para las leyendas deportivas.

Cómo no hablar de las pasiones que despertaron en mí los mundiales de fútbol desde aquel de España en1982, ganado por Italia (tengo los calendarios  con los resultados anotados por mí, de ese mundial y todos los siguientes hasta el pasado del año 2018, porque les hice seguimiento a todos y cada uno de los encuentros mundialistas efectuados), si… todos los disfruté y comenté con mi amigo… por eso me sería imposible olvidar esos eventos. Por todas esas razones yo estoy muy triste, porque él, quien cometió errores… si, pero muy pocos,  ya no está con nosotros, aun cuando indudablemente, su gran legado permanecerá conmigo,  con mis hermanos, mis tíos, primos y en todo aquel que lo conoció… y….

Antes de que se me olvide, o se termine el espacio, quiero decirles que al amigo a quien me refiero es Audio Ramón Pirela Barboza, quien fue mi papá… pero sobre todo… mi amigo. Me tranquiliza saber que lo disfruté y que está en un lugar maravilloso, pero no puedo evitar sentirme así. Hasta luego papá… hasta luego amigo.

Hasta luego amigo.

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