La pelota “salidora” y “ponchadora”

Existen diferencias marcadas que aseguran que con la nueva pelota que se emplea en las Grandes Ligas, en la presente temporada, hay una ventaja para los bateadores, porque es ideal para los jonroneros. La estadísticas también aseguran que hay muchos más ponches… ¿Entonces?
Eliexser Pirela

No han sido pocas las discusiones que ha habido, y seguirán habiendo, con respecto a la pelota que se está utilizando en la presente temporada en las Grandes Ligas.

Un casi siempre pacífico Justin Verlander reclamando que las pelotas son “salidoras”, aspecto que resulta desfavorable a los lanzadores, porque ahora surgen más cuadrangulares que en años anteriores (nadie salió a la palestra para desmentir lo dicho por el abridor de los Astros de Houston). Un comisionado Rob Manfred, empeñado en hacer el juego más atractivo (incluyéndolo más rápido) ha presentado una serie de reglas que han acortado, por muy poco, la duración de cada encuentro en las mayores.

Sin utilizar el término “trucado”, un Manfred de manera muy inocente aseguró que los jonrones se deben a una “diferencia” en el material de las pelotas.

El portal AtBat publicó que “un estudio hecho por el portal Baseball Prospectus ha confirmado que las pelotas que se están usando en éste comienzo de temporada están trucadas, ya que las pelotas estudiadas muestran una aerodinámica fuera de lo normal cuando están en el aire, haciéndolas volar mucho más de lo que una pelota reglamentaria se supone que lo haría”. Estas son palabras mayores.

De igual forma leímos por allí que “el comisionado ha negado rotundamente estas acusaciones (entre ellas las de Verlander) diciendo que no han alterado las pelotas usadas en Grandes Ligas, sin embargo, una investigación llevada a cabo por el portal FiveThirtyEight comprueba que en efecto, la composición de las pelotas de hoy en día son diferentes”.

Si eso es verdad entonces comenzaríamos a entender la cantidad de registros que, en el ramo de los cuadrangulares, han ocurrido y seguirán ocurriendo en este 2019. Desde el día inaugural (Opening Day), cuando los Dodgers establecieron una marca de ocho cuadrangulares en su primer juego de la campaña, o la alta cifra de jugadores con tres jonrones en un choque: Gary Sánchez, de los Yanquis de Nueva York; Nelson Cruz, de los Mellizos de Minnesota (dos veces en 11 días de diferencia, esta campaña, y ninguna vez en el resto de su carrera), Robinson Canó, con los Mets de Nueva York, Pedro Severino, quien de sus 10 jonrones, tres fueron en una sola velada.

Igualmente se comprendería, porqué de la noche a la mañana un lanzador pueda sacar dos pelotas en un juego, como lo hizo Zack Greinke, ahora con los Astros de Houston, pero lo hizo con los cascabeles de Arizona. También se entendería cómo los Mellizos de Minnesota, que en 2018 terminaron con 166 vuelacercas, en este 2019 ya suman 219  cuadrangulares (en 112 juegos) y marchan imparables a romper el registro de Los Yanquis en una zafra.

Números en mano

Debemos comparar las cifras actuales de cuadrangulares con los de, por ejemplo, las dos campañas anteriores. En 2017 se rompió el récord de todos los tiempos de Grandes Ligas con 6.105 jonrones (promedio de 203 por equipo y 1,26 jonrones por juego). En ese entonces la gente de la MLB confirmó que “las pelotas usadas en aquel año estaban siendo fabricadas de manera distinta, aunque nunca uso la palabra «trucadas» o «alteradas» y que esto no había sido a propósito”, informó el portal AtBat.

El año pasado, usando las pelotas anteriores al 2016 se conectaron 5.584 vuelacercas, para un promedio de 186 por equipo y 1,15 por encuentro. Este año, en apenas un promedio de 112 choques por equipo, se han disparado 4.675 jonrones (primera semana de agosto) para un promedio de 155,83 por conjuntos y 1,41 por compromiso. Esas cifras son muy abismales, más si consideramos que en este 2019 ya en los primeros cuatro meses de campaña ( abril, mayo, junio y julio) se ha superado la barrera de los mil jonrones, cuando antes solo había ocurrido muy pocas veces (agosto del 2017 con  1.119, junio de  2017 con  1.101 jonrones y en mayo del 2000 con  1.069, fueron los más elevados en cuanto a jonrones por mes).

Por ejemplo, en mayo y junio de este año se conectaron las dos cifras más altas de jonrones en un mes: junio  1.142 y mayo con 1.135. Eso, a las claras asegura que algo anda mal con las pelotas que se emplean en la presente temporada.

Este año se presenta una proyección que dejaría muy atrás los registros que existen sobre cuadrangulares. Este año marcha a un paso para ver 6.623 cuadrangulares en las Mayores, que serían 518 más que el récord actual. Y el problema, insistimos, no es que existan algunos jugadores que estén utilizando sustancias prohibidas, como ocurrió a finales del siglo pasado cuando veíamos con entusiasmo la lucha jonronera entre Sammy Sosa y Mark McWire (se cansaron de sacar más de 60 pelotas y hasta 70 por años, o poco tiempo después cundo lo hizo Barry Bonds, que pulverizó todos los récords de jonrones).

El problema no es el de los esteroides. Parece que la que se encuentra “diferente”, para no utilizar el término “adulterada” o “trucada”, es la pelota. Entonces, si antes se le temía a pocos bateadores, esos que sacaban la bola con mucha frecuencia, hoy en día a los lanzadores les da el temor de que cualquiera le puede voltear un encuentro, con un bambinazo, porque la pelota que actualmente lanzan es muy “salidora”.

Pero ponchadora también

Lo que resulta contradictoria es que, además de salidora, algo que beneficia la bateador y perjudica al pitcher, es que esta esférica también es “ponchadora”, lo que beneficia a los serpentineros y perjudica a los bateadores.

¿Cómo así? Es que las cifras de abanicados también ha aumentado, de manera dramática, en la presente zafra.

Tenemos que retomar las poco amigables comparaciones para aclarar el punto. En 2018 en las Grandes Ligas se registraron 41.207 ponches, para un promedio de 1.373,56 por equipo y 8,53 por compromiso).

Para lo que llevamos de temporada 2019, que al momento de concretar esta investigación los equipos sumaban un promedio de 112 juegos, se habían producido 29.543 abanicados, a un promedio de 984,77 por equipos, y el equivalente a casi 9 abanicados por juego (8,96). Como decía el afamado Cantinflas, “Allí está el detalle”.

Los lanzadores están logrando guillotinar más a los rivales y no son solo los brazos dominadores o ponchadores, como se conocen, sino que todos los serpentineros, como utilizan las mismas esféricas, estas como que en verdad son más aerodinámicas y se mueven mucho mejor, van más rápido y por ello hay medio ponche más por juego-equipo (cada conjunto recibe o propina medio ponche mas), que empleando la matemática más elemental, por día significan 15 ponches más; lo que da 2.415 abanicados más en comparación a la zafra anterior.

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