Lou Gehrig… Fue grande dentro y fuera de un diamante

Sus números son de los mejores de la historia, a pesar de haber jugado 14 temporadas regulares (de 17 en total). Siempre fue un ejemplo en todas las esferas de la vida. Murió a pocos días de cumplir los 38 años, pero sabiendo su inminente partida, dio su famoso discurso en el que aseguró ser “el hombre más feliz de la tierra”.
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Vamos a presentar una de las historias más asombrosas, humanas y contundentes que podamos encontrar en el mundo del béisbol, hablaremos de Henry Louis Gehrig, personaje que fue mejor conocido como, simplemente, Lou Gehrig, quien fue el inicialista y cuarto bate de los Yanquis de Nueva York  gran parte de su carrera, y quien,  sin dudas, resultó uno de los peloteros más espectaculares que haya jugado en las Grandes Ligas.

De Gehrig se pueden escribir cientos de libros y miles de artículos, porque lo que este hombre hizo en un terreno de juego, especialmente con sus Yanquis, se encuentran entre las proezas más prominentes de la historia del juego de pelotas. Y no solamente hablamos de su increíble racha de 2.130 juegos consecutivos en los que participó, sino en un abanico de registros y hechos que varias décadas después, aún asombran a propios y extraños.

Antes de presentar sus hazañas en un diamante de béisbol, recordaremos que Gehrig nació el 19 de junio de 1903, en Nueva York, hijo de unos humildes y honorables padres inmigrantes, con raíces alemanas.  Curiosamente los señores Gehrig se encontraban enfermos, al momento del nacimiento de Lou, porque su padre padecía de epilepsia y su mamá presentaba una deficiencia pulmonar.

Ya con 18 años de edad, el joven Gehrig comenzó a estudiar en la Universidad de Columbia, gracias al esfuerzo de su madre, quien le consiguió una beca de estudios; pero basados en sus dotes en el deporte, porque dominaba muy bien el juego de pelotas y el fútbol americano… Arquitectura fue la carrera que inició “El caballo de hierro” en esa casa de estudios superiores.

Su desenvolvimiento jugando béisbol fue lo que hizo que su fama llegara a oídos de la organización de los Yanquis de Nueva York, equipo que no dudó en hacerse de sus servicios. La tradición dice que cuando apenas le faltaban cuatro días para su cumpleaños número 20, Lou Gehrig debutó con los Yanquis, conjunto que comenzaba a escribir una maravillosa historia que incluye, ser el único equipo en asistir a, por lo menos, una Serie Mundial en cada una de las siguientes nueve (9) décadas (solo falló en el segundo decenio del siglo XXI) y sumar 27 trofeos del Clásico de Otoño (triplicando los conseguidos por los Atléticos y los Medias Rojas de Boston, equipos de la Liga Americana que lo escoltan en esa selecta lista, y muy por encima del conjunto que más se ha titulado en la Liga Nacional, los Cardenales de San Luis, que suma 12 Series Mundiales).

Debut discreto

El box score del juego en el que se estrenó Gehrig como grandeliga indica que fue ante los Marrones de San Luis, el 15 de junio de 1923 (un día como hoy). En verdad no fue el debut más esperado, porque Lou entró en el noveno inning como sustituto del inicialista titular, Wally Pipp, cuando el mánager Miller Huggins lo llamó al campo, con la pizarra 10-0 a favor de los Yanquis, que jugaron como home club, en el entonces moderno Yankee Stadium. Ese juego lo ganó desde la lomita Herb Pennock (7-2), quien lanzó completa esa blanqueada, mientras que la derrota por San Luis se la llevó Elam Vangilder (4-8).  La reseña del encuentro afirma que entraron 10 mil aficionados, en un juego que, a pesar de las 10 anotaciones, apenas duró una hora y 43 minutos (1:43).

Ese primer año no fue de mucha acción para Gehrig, de hecho, su segunda temporada tampoco fue muy movida… Es que Wally Pipp era un inicialista de cierto renombre, algo efectivo y de rendimiento promedio. Ese año 23 Gehrig solo vio acción en 13 encuentros, con 26 turnos legales, 11 hits, de los cuales cuatro (4) fueron dobletes, un triple y un cuadrangular, con ocho (8) remolques y apenas dos anotadas. Al año siguiente apenas le dieron la oportunidad de jugar en 10 compromisos, tomando 12 turnos, en los que dio seis (6) hits. Todos fueron encuentros como jugador sustituto. Por cierto, esa campaña de 1923 representó para los Yanquis ganar la primera de sus 27 Series Mundiales logradas.  Muchos no le suman a Gehrig este Clásico de octubre ni el de 1939, a pesar de que esta leyenda estaba en el roster del equipo, al menos en ambas campañas. Es que a pesar de no haberlas jugado, sí era miembro del equipo campeón.

Inicio de la racha

Pero en 1925 ocurrió algo que muchos medios han informado erróneamente, porque siempre se ha dicho que Gehrig, el 31 de mayo sustituyó a Pipp en la primera base cuando comenzó su racha, pero no fue así: El 1° de junio Gehrig entró como bateador emergente por el campocorto Pee-Wee Wanninger, en el octavo inning del juego entre los Yanquis y los Senadores de Washington, en Nueva York. La pizarra marcaba 4-1 para la visita, que contaba con el gigante Walter Johnson en la lomita. Ante Johnson el novato Gehrig, quien apenas conectaba para promedio de .167, se bateó un elevado al jardín izquierdo y falló. Luego fue reemplazado por el relevista Waite Hoyt, mientras que en las paradas cortas el mánager Huggins dejó a Ernie Johnson, quien también había ingresado como bateador emergente.

Ya al día siguiente, el dos de junio, Pipp le dijo al mánager Huggins que se sentía mal y que no iba a poder jugar. La solución era incluir en el line up al joven Gehrig, quien no defraudó, al ligar de 5-3, con un doblete y una anotada, en el triunfo de los Mulos 8-5 sobre los visitantes capitalinos.

Curiosamente, al día siguiente, Lou se fue de 3-0 y fue sustituido por Pipp, en la primera base, en otro triunfo de los Yanquis, esta vez con pizarra de 6-4 y 24 horas después ocurrió igual, pero en este compromiso los ganadores fueron los Senadores, con marcador de 8-3.

El día 5 de junio Gehrig ocupó el sexto turno en el orden al bate y se fue de 5-2, con par de anotadas, dos empujadas y su primer jonrón del año, temporada en la que finalizó con 20 cuadrangulares. En ese encuentro, los rivales que visitaron el Yankee Stadium fueron los Marrones de San Luis, que cayeron 10-7 ante los Yanquis.

De allí en adelante el nombre de Gehrig apareció en otros 2.125 juegos más, de manera ininterrumpida, registro que más de 70 años después fue quebrado por Cal Ripken Jr.

En 1927 formó parte del llamado “Mejor equipo de la historia”. Es que esos Yanquis del 27 ganaron 110 encuentros y solo perdieron 44; barrieron en cuatro (4) juegos a los Piratas de Pittsburgh en la Serie Mundial y contó con esa pareja histórica que conformaron Babe Ruth y Lou Gehrig. El inicialista bateó .373 de promedio, 218 imparables, incluyendo 52 dobles (líder en ese departamento), 18 triples, 47 jonrones, anotó 149 veces y remolcó 173 carreras (campeón remolcador).  Por su parte Ruth dio 60 cuadrangulares, remolcó 165 anotaciones, terminó con promedio de .356 y anotó 158 veces. Gehrig fue galardonado como el Jugador Más Valioso; primero por sus grandes números, y segundo porque los encargados de otorgar este reconocimiento prohibían que los jugadores repitieran el galardón, hasta pocos años después.

Fin de la racha

Después de ganar la Serie Mundial de 1937, la sexta para los Bombarderos de Nueva York y para Gehrig, la estrella del béisbol comenzó, apenas con 34 años de edad, a demostrar que su línea de productividad venía en descenso.

Es que Gehrig en sus 13 temporadas completas anteriores había acumulado un título de bateo, cinco campeonatos como el mejor remolcador, tres como máximo jonronero (perdió varias pugnas con Babe Ruth, quien se llevó 12 títulos de jonronero), uno en triples conectados, un par de campeonatos en el departamento de dobletes, cuatro en el de carreras anotadas y uno en el total de hits. A eso le sumamos la triplecorona de bateo del año 1934 (.363 de promedio, 165 impulsadas y 49 jonrones) y por ello es que podemos notar el dominio absoluto que venía desarrollando este gigante bateador.

En esa  temporada de 1938 las estadísticas de Gehrig mostraron, por primera vez, un average menor a los .300 puntos, porque terminó con el nada despreciable promedio de .295 y “apenas” 115 carreras anotadas (es que en ese orden anotó desde 1926, su primera temporada completa, 135, 149, 139, 127, 143, 163, 138, 138, 128, 125, 167 y 138 carreras)… Igualmente “apenas” remolcó 114 anotaciones, después de impulsar, en ese orden, también desde 1926: 109, 173, 147, 125, 173, 185, 151, 140, 166, 120, 152 y 158.

Algo parecía no estar funcionando bien en el cuerpo de Gehrig.  Él le había dicho a su esposa Eleanor que no sentía sus piernas tan fuertes como antes.  La señora Eleanor Gehrig lo convenció de ir al médico y le indicaron, como diagnóstico principal, un serio problema en la vesícula.

En el inicio de 1939, con 35 años (le faltaban pocos meses para celebrar su cumpleaños 36) las cosas no fueron nada buenas para Gehrig. En los primero ocho juegos de la campaña, el inicialista y cuarto bate de los Yanquis apenas bateaba para promedio de .143, producto de cuatro hits en 28 turnos, sin jonrones y con apenas una remolcada y dos anotadas. Era un problema para el mánager yanqui Joe McCarthy, quien no quería, o podía, sacar del line up a Gehrig, su estrella, quien tenía más de 15 años seguidos jugando en esos 2.130 encuentros; pero que no podía producir… era un gran problema y dilema… La prensa y la afición lo hubieran linchado si hubiera sacado a su inicialista del juego diario.

Juego histórico

El 30 de abril de 1939 fue el último juego como pelotero activo del “Caballo de Hierro” y fue el final de su racha… Aún no se sabía qué era más importante, si su carrera, la racha o su vida… Fue increíble que la carrera de este extraordinario pelotero llegara a su fin con apenas esos 35 años…

Ese día los Senadores de Washington visitaron a los Yanquis y los vencieron con pizarra de 3-2. Ganó desde la lomita Joe Krakauskas (1-2) , la derrota fue para  Oral Hildebrand (0-2) y el juego salvado fue para el novato venezolano Alejandro “El Patón” Carrasquel, su primero de la temporada y de su carrera.

Carrasquel había debutado una semana antes, el 23 de abril, y se había convertido en el primer pelotero grandeliga venezolano de todos los tiempos.  Luego de ese rescate, “El Patón” Carrasquel sumó otro juego salvado en esa temporada del 39.

El último turno oficial en la carrera de Lou Gehrig como pelotero activo fue ante el relevista de los Senadores, Pete Appleton, en el octavo episodio, con un out y dos corredores en base. Gehrig falló con un elevado al jardín central. Luego de que Appleton diera dos boletos seguidos y permitiera una carrera forzada, el mánager Bucky Harris decidió traer a la loma al caraqueño Carrasquel, quien sacó los últimos cuatro outs del juego, retirando a los únicos cuatro rivales que enfrentó.

Al día siguiente Nueva York estaba libre, pero el día dos de mayo el estratega Joe McCarthy vio que Gehrig se le acercó y le notificó que se sentía muy débil y que no podía jugar. McCarthy inscribió en su line up al desconocido Babe Dahlgren para que jugara en la inicial, y por primera vez en más de 15 años el equipo de los Yanquis de Nueva York, en 2.130 juegos de diferencia, presentaron una alineación en la que el nombre de Lou Gehrig no estaba.

Ese día los Yanquis visitaron a los Tigres de Detroit, en el Briggs Stadium. Como Gehrig era el capitán de su equipo, él presentó el roster, en el que no se encontraba anotado su nombre. La sorpresa fue muy grande, pero era que nadie sabía el serio problema físico de este pelotero. Cuenta la historia que el anunciador interno del estadio dijo: “Damas y caballeros, esta es la primera vez en 2.130 partidos consecutivos que el nombre de Lou Gehrig no aparecerá en la alineación». Los 11.379 aficionados que asistieron al juego se levantaron y le dieron una larga y ruidosa aclamación, con muchos aplausos, aún sin saber las dificultades físicas de Gehrig.

Su seguidilla de 2.130 juegos consecutivos duró 56 años, hasta que Cal Ripken Jr la quebró en los años 90 y finalizó con una racha de 2.632 juego seguidos.

Enfermedad muy agresiva

Acompañado de su esposa Eleanor T. Gehrig, la estrella de los Yanquis fue al médico el 19 de junio de 1939; específicamente a la Clínica Mayo, en donde le diagnosticaron la extraña enfermedad llamada “Esclerosis Lateral Amiotrófica” (ELA), que le disminuía todas sus capacidades físicas. El diagnóstico fue contundente y fulminante porque le dieron una expectativa de vida de tres años; pero ni siquiera eso se cumplió, porque Lou Gehrig murió el 2 de junio de 1941, poco antes de cumplir 39 años de edad. Ante la importancia del paciente, en los registros médicos estadounidenses y hasta mundiales, este padecimiento fue rebautizado como “La enfermedad de Gherig”.

Tras su retiro, los Yanquis lograron ganar la Serie Mundial de esa temporada, la número ocho de su vitrina. Todas logradas en temporadas en las que Gehrig los defendió (claro está, “El caballo de hierro” no pudo jugar en ese Clásico de octubre).

Discurso famoso

En plena temporada del 39. Ya conociendo su terrible diagnóstico y habiendo anunciado su retiro, los Yanquis de Nueva York le organizaron un homenaje, el 4 de julio; en una doble cartelera ante los Senadores de Washington. En medio de los dos encuentros (el primero lo ganó Washington y el segundo fue una ganancia para Nueva York). El equipo organizó una ceremonia en la que invitaron a los miembros del equipo de 1927; como ya lo indicamos, considerados por los expertos como el mejor equipo en la historia. Entre los invitados estaba Babe Ruth, con quien formó parte de la pareja más letal que se haya visto en un estadio de béisbol; pero que en los últimos años se había vuelto una relación muy fría y distante.

Ante más de 60 mil asistentes, los Yanquis hicieron algo que ningún otro equipo había hecho: Retiraron la camiseta número 4 en su honor… le entregaron varias placas y trofeos y el público, como siempre, lo ovacionó hasta más no poder.

Cuentan por allí que cuando los invitados comenzaron a retirarse, Lou Gehrig se dirigió al micrófono, en medio del diamante; y ofreció su famoso discurso “El hombre más feliz de la Tierra”. Todos regresaron a sus sitios y estas fueron sus palabras:

“Durante las últimas dos semanas han leído acerca de un golpe de mala suerte; pero hoy me considero el hombre más afortunado sobre la faz de la tierra. He estado en parques de béisbol por 17 años y solo he recibido amabilidad y apoyo por parte de los aficionados.

Al mirar alrededor ¿no considerarían un privilegio estar asociados a un grupo de hombres de tan buen porte; como los que están aquí en uniforme en este estadio hoy? Claro, soy afortunado. ¿Quién no consideraría un honor haber conocido a Jacob Ruppert? ¿O al creador del imperio más grande del béisbol, Ed Barrow? ¿Haber pasado seis años junto al pequeño amigo Miller Huggins? ¿O haber estado nueve años con el gran líder, ese inteligente estudiante de psicología que hoy es el mejor mánager de béisbol, Joe McCarthy? Desde luego que soy afortunado.

Cuando los Gigantes de Nueva York, un rival que darías un brazo por vencer y viceversa, te envía un regalo… es algo grande. Cuando todos, desde los encargados del campo hasta los que están con batas blancas, te recuerdan con trofeos… es algo grande. Cuando tienes una gran suegra que toma tu lado cuando hay alguna discusión con su hija… eso es algo. Cuando tu padre y tu madre, que trabajaron toda su vida para que puedas tener una educación y entrenar tu cuerpo… es una bendición. Cuando tienes una esposa que es una torre de fortaleza y muestra más coraje del que jamás imaginaste… eso es lo mejor que conozco.

Así que termino diciendo que puede que haya tenido un golpe de mala suerte, pero tengo mucho por vivir. Muchas gracias».

Tras finalizar sus palabras, muchos de los presentes se quebrantaron y a miles de ellos las lágrimas le corrían por sus mejillas, incluyendo al poco emotivo Babe Ruth, quien se le acercó y lo abrazó ¿Quién sabrá lo que le habría dicho?

Cinco meses después los miembros de la Asociación de Escritores de las Grandes Ligas, los votantes al naciente Salón de la Fama, hicieron una elección especial y llevaron el nombre de Lou Gehrig al templo de los inmortales, en Cooperstown. 

Después de su muerte, los restos de Gehrig fueron llevados al cementerio Kensico, en el condado de Winchester, en Nueva York. En 1984 falleció su esposa Eleanor y fue enterrada al lado de su marido. No tuvieron hijos y ella no se volvió a casar.

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