Medardo Nava: “Fui el receptor de Bob Gibson”

Este zuliano, desaparecido hace tres años, fue el Novato del Año de la LVBP en 1958. Ganó tres campeonatos en el circuito venezolano, uno con Oriente y dos con los Leones del Caracas. Presentamos un reportaje en el que nos narró su vida como pelotero.
Eliexser Pirela

“Nací en Bella Vista, Maracaibo, el 29 de julio de 1938 y soy el segundo de siete hermanos. Como mi papá, Carlos Nava, era pelotero, eso se quedó en mí y lo pude desarrollar gracias a sus enseñanzas y a las de Francisco “Tarzán” Contreras, porque desde los siete años comencé a asistir a un terreno que quedaba por Pichincha, lugar donde jugaban Gavilanes y Pastora junior, equipos de niños con el nombre de esos dos grandes equipos que brillaban en Maracaibo.

Mi papá, a quien lo llamaban de dos formas, Navita y El Pavo; fue uno de los fundadores de Gavilanes, junto con los hermanos Ernesto y Luis Aparicio Ortega, por eso el béisbol es parte importante en la familia, pero aparte de mí únicamente mi hermano Mario Antonio, quien fue un tremendo lanzador amateur, jugó este hermoso deporte.

El primer equipo en el que yo pude jugar fue el de los Leones del Manzanillo, pero allí jugábamos sin uniformes, era con ropa de civil porque no había los recursos para comprar uniformes. Mi primer manager fue José Zacarías Corzo, a quien recuerdo con mucho cariño.

Pero fue con el equipo Reencauchadora Zuliana, de la categoría B (en ese entonces se jugaba en clase C, B, A y AA) con el que por primera vez  jugué uniformado. Yo tenía 15 años y defendí varias posiciones como la receptoría, la primera y tercera base y también en el jardín derecho. Recuerdo que participé en un distrital y me fue muy bien, porque terminé con el título de bateo, al ligar para .429. Eso fue en el año 1953. Allí me observaron y me llevaron al equipo Comercial Romero, que era dirigido por una verdadera gloria del deporte, pero que no ha recibido el honor que se merece, como lo es Jesús “Chucho” Rincón. Ese señor fue como un maestro para mí.

Me probaron en clase AA y me pude establecer como righ field, en el equipo Bimba Kilovatio, cuyo manager era Manuel “Mascarita” Iriarte. Nuevamente me tocó participar en otro distrital representando a Maracaibo, pero esta vez fue en la categoría AA. En ese torneo el campeón bate fue Eduardo Negrette y tercero quedé yo.

Después de esa experiencia me fui a Coro, para jugar con la novena de Campo Elías, equipo que contaba como estratega a Carlos Rotjes, ese lanzador que perdió el juego inaugural en la historia de la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP) cuando Alejandro “El Patón” Carrasquel y Luis Aparicio “El Viejo” guiaron al Magallanes a vencer al Venezuela, en enero de 1946.

Mi pasantía en Coro me sirvió para que la gente de Cardenales de Carora, que hoy en día es Cardenales de Lara, me invitara a jugar con ellos, bajo la dirección de Domingo “Taciturno” Barboza. Pocos años antes había jugado con ese equipo Luis Ernesto Aparicio, a quien le decíamos “el soldaíto”. A mediados de la década de los cincuenta jugué para el Deportivo Rubio, equipo con el que participé en la Copa Gobernador del estado Táchira, junto con Cecilio Prieto y Marcelino Sánchez, entre otros. De verdad que en ese evento habían muy buenos jugadores, yo diría que lo mejor del béisbol aficionado del momento.

Ya para el año 56 regresé a Maracaibo y jugué con el Almendares, junto con Néstor Cárdenas, Gustavo Fernández y Nicanor Fuenmayor, entre otros. El equipo era dirigido por Nerio Cárdenas, hermano de Néstor.

En el año 57 salté al béisbol profesional cuando firmé con Rapiños. Yo había comenzado a entrenar con Gavilanes pero el equipo presentó problemas y no pudo salir, sino que el Rapiños lo sustituyó. Contradictoriamente no me daban oportunidad de jugar, a pesar de haber bateado de 5-3. Ira Hutchinson, quien había sido lanzador de los Medias Blancas de Chicago y en ese entonces era técnico del conjunto, dirigió al equipo. Al señor Hutchinson lo trajo Luis Aparicio Montiel.

Al no tener chance de jugar yo pedí la libertad y me la dieron. Entonces me llamó Guillermo Vento y me dijo que me fuera con él a Caracas para jugar como su sustituto, es decir, segundo receptor, de los Licoreros del Pampero. El mánager del equipo era “El Patón” Carrasquel y entre los técnicos estaba Benito Torrens “Mister Benny” y Carlos “Terremoto” Ascanio.  Recuerdo que el campocorto era  Domingo Carrasquel y como él le decía “Tío Alejandro” nosotros también llamábamos así al manager Alejandro Carrasquel.

Ese año terminé con promedio de .289 y jugué en la receptoría, la tercera y en el righ (field). Lo más importante fue que me gané el Premio Novato del Año y entre los peloteros a quienes le gané esa distinción estaban “Vitico” Davalillo, César Gutiérrez (ambos llegaron a las Grandes Ligas) y a Luis Rodríguez, tres fenómenos del juego de pelota.

En Estados Unidos jugué para la organización de los Filis de Filadelfia, que me firmaron por recomendaciones del señor Lucas Rincón. Las cosas no eran fáciles para los hispanos en esa época en Estados Unidos, por eso del racismo. Y me vivía peleando con la gente por allá porque siempre me la querían aplicar. Por eso apenas aguanté dos años jugando allá. Mientras que también jugué en México, con el Monterrey y con Saltillo, pero no me gustaba mucho porque en algunos estadios, especialmente los cercanos a la frontera, los apostadores nos lanzaban cascabeles y ‘rabo secos’ (otro tipo de serpiente) para que perdiéramos. Era muy peligroso jugar así y por eso tampoco duré mucho allá.

Volviendo a mi carrera en Venezuela, con el Pampero jugué dos años, porque el equipo Oriente, que venía de sustituir al Magallanes, trajo a Bob Gibson y ese tipo lanzaba tan duro que nadie le quería “quechar”.

El dueño del equipo era Rafael  “Fucho” Tovar, un hombre que era abogado y empresario quien varios años después llegó a ser  el dueño de los Ferrys que llevaban a uno hasta  Margarita (Conferry) así como también del desaparecido Banco Progreso, incluso llegó a ser gobernador de Nueva Esparta. El señor Tovar trató de armar un trabuco y por ello trajo a Gibson para fortalecer al equipo, que ya tenía al “Carrao” Bracho, Luis “Camaleón” García y Dionisio Acosta, entre otros.  Los receptores de Oriente eran el gringo Joe Lonnet, Dionisio y Aureliano Patiño, a quien le decían “Toña la Negra”.

Lonnet dijo que estaba lesionado, Gibson le rompió la mano izquierda a Dionisio y Patiño no le quería recibir. Yo les dije ‘si me dan 500 bolívares yo le quecho a ese señor’ y me los dieron. Recuerdo que el primer día Gibson tenía mucha desconfianza, porque yo era el receptor más joven y mostró sus dudas. Llamó a Ramón Monzant para que me tradujera algunas cosas y yo me estaba poniendo bravo y le dije a Monzant ‘decile que tire lo que quiera que si el bateador  la pela yo se la atajo’ y me fui al plato. Después del último out Gibson corrió al home para felicitarme. Con Oriente ganamos el título de la liga.

“Fucho” Tovar era un tramposo, era una culebra que te picaba con la cabeza y con el rabo y si la agarrabas por el medio te intoxicabas (risas). Un día nos pagó la quincena y cuando estábamos en el banco para cobrar los cheques nos dijeron que no había fondos para pagarnos. El “Carrao” estaba muy bravo y decía que le iba a agarrar la cabeza y le iba a dar vueltas hasta quitársela. Yo le decía ‘Carrao calmate, vamos a hablar con él para ver qué pasó’. Cuando llegamos a la oficina no pude parar  a “El Carrao”, porque cuando entramos de una vez  le dijo ‘usted es un pícaro’. Tovar le reclamó ‘por qué me ofendes’ y “El Carrao”  le dijo ‘es que usted nos dio unos cheques desfondaos’ (cheques sin fondo)  y yo me comencé a reír y él me miró y me dijo ‘y vos estáis vendío’. Me tiré al piso para reirme más.

Después me fui a los Leones del Caracas, equipo con el que sumé dos campeonatos más, los de las temporadas 61-62 y 62-63. El manager era Regino Otero y “El Patón” era uno de los técnicos.

No puedo dejar de mencionar que en un juego ante el Oriente estábamos perdiendo por una carrera y se había embasado nuestro primer bateador del último inning. El señor Otero me dijo, Medardo te voy a sacar para que “Vitico” toque la pelota y yo le dije ‘déjeme batear, que yo toco más que Armando Molero’ y me dejó. Mi toque fue bueno y el jugador que tomó la bola me la pegó en la cabeza y rebotó del casco hacia el jardín derecho. Yo seguí corriendo y llegué a tercera. El siguiente bateador conectó un largo fly y pude anotar para ganar el juego. Otero me felicitó y dijo ‘Buena esa Nava, el toque fue muy bueno y creo que ese pelotero maracucho, el tal Armando Molero no lo hubiera hecho mejor’. Uno de los jugadores le dijo que Molero lo que tocaba era guitarra y comenzó a decirme groserías, pero no estaba tan bravo, sino que al final entendió la broma.

Luego Caracas me cambió por Víctor Marcano para el equipo Cabimas y ese fue mi último año en la LVBP, circuito en el que gané tres campeonatos y fui el primer receptor en ganar el premio Novato del Año.

También tengo como satisfacción que en el año 1964 fui el manager de la Selección del Zulia, en el Campeonato Nacional de Béisbol. Allí dirigí a jugadores de la talla de Faustino Zabala, Irán Paz, Enrique “El Colorao” Salazar, Esmeiro Prieto, Alonso Olivares, Adelino Vejega, Norman Carrizo y Jorge Prieto entre otros. Ese año ganamos el Campeonato Nacional.

Paralelamente a mi carrera como pelotero yo trabajaba en una contratista de la CVP porque tenía cédula marina. Y después de retirarme como pelotero activo laboré para la gobernación del Zulia, específicamente en la Lotería del Zulia, empresa en la que fui Coordinador Deportivo.

En la Lotería del Zulia conocí a Dalena Acosta con quien me casé poco después. Me nacieron dos hijos, Carlos Alberto y Lissette Chiquinquirá Nava Acosta, quien ya falleció, pero me dejó tres lindos nietos.

Para mí el béisbol es algo muy grande y por ello cuando puedo, especialmente cuando comparto con niños, lo hago de mil amores”.

Este trabajo periodístico que tuvimos el honor de realizarle en vida a don Medardo Nava, poco antes de fallecer, es un homenaje que le rendimos a nuestro amigo, desde Sportacción, por considerarlo un personaje del deporte venezolano, en esta época en la que estamos viviendo, en una alta expresión de la temporada invernal de béisbol en toda la cuenca del Caribe.

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