Protagonista en Williamsport

Este es el título de un capítulo del libro “Mi Lapidario cuarto Strike”, que hemos investigado y escrito, pero que por algunos “detalles” no hemos podido publicar… Tocaremos el tema del maltrato verbal de los padres (y cualquier adulto) hacia los niños que practican algún deporte.
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“Hay un joven maracaibero que es muy recordado en los anales del béisbol, especialmente en el ámbito de los Campeonatos Mundiales de las Pequeñas Ligas de la Categoría Infantil, por una hazaña y por una fotografía que le dieron la vuelta al mundo, y que permitieron que el nombre de Venezuela fuera escrito en el firmamento de la historia deportiva mundial. Hablamos de Rubén Mavárez, pítcher ganador del juego final del Mundial Infantil, en Williamsport, Pensilvania, en el año 2000.

Mávarez mostró mucho interés en el tema sobre el maltrato de los padres a sus hijos deportistas, y su experiencia y declaraciones nos resultaron tan interesantes, que decidimos apartarlas en un solo capítulo.

“A lo largo de mi carrera como beisbolista, pude sentir cómo fui apoyado por mis padres; y agradezco mucho a Dios y a ellos mismos, por su buena actitud hacia mí, en lo que respecta, especialmente, a cómo me dejaban tomar ciertas elecciones. Noté que siempre existían palabras de aliento y confort hacía mí. Igualmente vi como otros padres apoyaban a sus hijos; pero también observé y escuché frases denigrantes, cualquier tipo de improperios, proveniente de  muchos padres que gritaban cosas que, no sólo afectaban principalmente  a sus hijos, sino a todo el equipo en general; porque no podíamos lograr estar aislados de esas frases o sentencias, tales como, `vos si sois maluco, muchacho; no te traigo más`. Sin duda alguna, estas actitudes de los padres sólo crean desesperación, desconcentración, frustración, baja autoestima,  y un bajo rendimiento en su hijo y en la mayoría de sus compañeros de equipo. Eso se transformaba en una cadena: El niño hace un mal trabajo, el padre lo insulta. El niño aumenta su presión, y falla nuevamente.

Su padre lo vuelve a insultar,  el niño se siente peor, y vuelve a cometer errores. Y, así, hasta que termina el juego. Pero en el camino a casa, todas y cada una de esas ofensas vienen, de un solo golpe. Esa es una historia de nunca terminar.

Jamás ha sido de ningún modo beneficiosa esta actitud. Yo he entendido en la Biblia que los hijos que se tienen son un regalo de Dios. Que los hijos que nos nacen son nuestra recompensa. Los hijos que nos nacen hacen que nos sintamos seguros, como  guerreros bien armados. Quien tiene hijos,  bien puede decir que Dios lo ha bendecido. Entonces, no los debemos destruir con esas frases o  palabras denigrantes”, destacó Mavárez.

Al referirse a las causas que considera él, como impulsoras a estos maltratos, nuestro entrevistado explicó que: “La mayoría de las veces, cuando los padres que actúan de manera ofensiva contra sus hijos, cuando ellos cometen ciertos errores en el terreno de juego, es debido a dos razones  principales: La primera,  que los padres desean que sus hijos no cometan los mismos errores que ellos cometieron. Esto sería, quizá, un buen argumento para justificarlos; pero  ésa no es la solución adecuada. Algunos padres se ven reflejados en sus hijos, y no dejan que estos se desarrollen y  disfruten, por su propia cuenta al momento cuando hacen deportes que, en mi caso, era el tiempo del juego de béisbol.

Podemos y tenemos que entender que no todas las personas son buenas jugando béisbol. He visto a muchos niños que han sido obligados a practicar una disciplina, aunque lo que ellos quisieran es hacer otras cosas en su vida o, simplemente, practicar otro deporte.

Por eso aprovecho esta oportunidad para dejar este mensaje: “Padres, nunca proyecten en sus hijos lo que no pudieron alcanzar ustedes. Por ejemplo, yo no pude firmar en el beisbol profesional; eso era algo que me hubiera gustado hacer; sin embargo, la Voluntad Providencial de mi gran Dios me llevó a otros caminos. Pero ése no debe ser  motivo para que yo descargue esas ganas que alguna vez tuve, y coloque ese peso en los hombros de mis hijos. Esto puede ser fatal y muy peligroso, porque muchas veces eso hace perder la identidad, y los niños no saben si actúan por ellos mismos o, si lo que son, simplemente, es una “copia robótica” de sus padres.

Pero hay más

La segunda gran razón que explicaría esa conducta desacertada de los padres, que a veces suele ser muy egoísta, es, quizá, la búsqueda de la perfección de los hijos, para que estos puedan alcanzar, especialmente en el béisbol,  la muy anhelada “firma” hacia el profesional y, así, percibir grandes sumas de dinero. Pero no olvidemos que el camino de esta carrera  es muy duro. Te puedo comentar  que, de esa gran cantidad de muchachos que jugaron conmigo, menos del 10%   alcanzó a firmar al béisbol rentado. De todos ellos, que fueron muchos,  la mayoría juega únicamente  en las Ligas Menores. Y sólo uno, preste atención a esta cifra; sólo uno logró llegar a las Grandes Ligas (Yhoulys Chacín, con los Rocosos de Colorado). Del grupo, también destacó Marcel Prado, quien, en Venezuela, jugó para las Águilas del Zulia, y hoy pertenece a los Bravos de Margarita. Pero en Estados Unidos, él está en las Menores de los Orioles de Baltimore”. Con Mavárez también participó, en aquel título,  Alí Castillo, quien brilla con las Águilas desde que firmó al profesional, y quien ha estado demostrando su talento por varias organizaciones en los Estados Unidos, como la de los Yanquis de Nueva York, los Filis de Filadelfia, los Gigantes de San Francisco; sin haber tenido el chance de jugar en las Grandes Ligas.

“Esas cifras son alarmantes, porque representan lo difícil que es llegar a ser un deportista profesional”, resaltó Mavárez.

“Si a esto le sumamos, y no lo debemos olvidar,  que  a la edad de 15 años, y hasta menos, los muchachos deben dejar sus estudios para dedicarse por completo a las Academias Deportivas, entendemos que el problema de dedicarse por entero a un deporte, aumenta. Es que muchos adultos no toman en cuenta que uno es un ser humano, y que muchas veces, prácticamente nos obligan a dejar los estudios. Y a eso agregamos que, si te lesionas seriamente, hasta ahí llegó el sueño profesional. Entonces ocurre la tragedia, porque nos quedamos sin béisbol y sin estudios. Por eso es que recomiendo mucha prudencia a la hora de impulsar a un hijo a algo que puede dejarlo en penumbra por el resto de su vida.

En contraste con todo lo anterior, puedo decir lo siguiente: El problema en el jugador, cuando comete un error, no es el de poncharte,  o que una pelota se te vaya por el medio de las piernas, sino la actitud que tomas para salir adelante y buscar la victoria. Una frase que a mí me ha ayudado bastante, es ésta: “Tu vida, hijo, no depende de los tropiezos del camino. Puedes llorar por ellos. Si quieres, analízalos, repáralos y, sobre todo, asegúrate de no depender de ellos”. Esa frase es muy importante que se la enseñemos a los niños deportistas, por lo profunda que resulta”, consideró Mávarez, cuyos argumentos resultan totalmente razonables.

Allá en Williamsport

En el siguiente punto, este joven, quien hoy en día tiene una Licenciatura en Informática, nos habló de su hazaña, y de lo que significó en su vida, amén de lo importante que será incluirla en este producto editorial.

“Hablar en privado con el hijo, acerca de los errores, no está mal. Lo equivocado es, al hablarle de sus errores, quitar de su corazón la creencia de que no puede ser mejor. Siempre recuerda que un, “vamos, tu puedes”; o un, “no importa lo que pasó; todo saldrá bien”, incrementará mucho la confianza del niño.

En la final de la Serie Mundial de Pequeñas Ligas del año 2000, en Williamsport, Pensilvania, me ocurrió un caso que todos escucharon, gracias a las transmisiones de la televisión venezolana. Ese capítulo fue tan controversial como chistoso. La situación fue la siguiente: Corredores en tercera y primera, 2 outs, pizarra a nuestro favor, 3-2 sobre los Estados Unidos, último inning, 45 mil personas gritando, ¡U.S.A, U.S.A, U.S.A! Último bateador, para coronarnos como Campeones Mundiales o para que Estados Unidos nos remontara y ellos se titularan… pero yo estaba confiado porque sentía a mi Dios conmigo en ese momento. De repente, mi mánager, el famoso (célebre por sus palabras) Eduvino Quevedo, pide tiempo y sale a hablar conmigo, y me dice esto (cito textualmente): “Mirá, vamos a hacer una cosa; calmate, porque éste viene de la banca. ¡Cómo te batea este a vos! (con sonrisa incluida jajaja). Éste viene de la banca; vamos a tirarle 3 metrasos. Si le vais a dar base por bolas, no importa, porque el que viene atrás es más malo todavía. Si le vais a pegar la pelota por la cabeza, mejor; ojalá lo matéis. Entonces, no importa. Con calma”. El narrador en inglés jamás habría podido traducir o comprender lo que el señor Quevedo le dijo a nuestro entrevistado.

“Por supuesto, nosotros entendemos la exageración y la forma de hablar del maracucho. No lo iba a matar, ni me había mandado a pegarle la pelota, pero sí me dio mucha confianza; palabras determinantes en un momento crucial. Estas palabras me decían que ninguno a los que me iba a enfrentar, era mejores mejor que yo; que yo podía hacerlo; que yo era el mejor en ese momento; que los errores cometidos, o lo que pasara, no importaba, porque los podríamos solucionar. Así lo sentí. Todos saben el resultado: Dominé al bateador, y nos coronamos campeones del mundo. Uufff, gracias a Dios, quien siempre tomó el control sobre mí.

Luego, en la rueda de prensa, los gringos le preguntaron a Eduvino,  qué por qué había mandado a matar al chico (risas). Eduvino, el traductor (quien gracias a Dios era venezolano, y nos comprendía), y yo  tuvimos que explicar y aclarar la situación. No fue fácil pero, al final se entendió el maracuchismo que hubo allí, y no metieron preso a nadie (risas)”. Así nos narró Mavárez ese episodio.

Para Mavárez, la actitud que debe tener cada niño deportista, es la de un ganador. Pero, explica que es más importante que se forme de manera integral. Por lo que una distracción sin ataduras resulta más relevante.

 “Indudablemente, creo que la competencia en el deporte no es mala. Creo que buscar la victoria no es malo; ni, ir más allá, y alcanzar un gran mérito, tampoco. De hecho, Dios establece lo siguiente: “De igual manera, el atleta que participa en una carrera no puede ganar el premio si no obedece las reglas de la competencia” 2 Tim 2:5. He ahí el secreto: competir dignamente, con honores y limpiamente. Tomando en cuenta esto, también debemos recordar que es de suma importancia para el desarrollo, tanto físico, como emocional de los niños, que ellos disfruten, y se diviertan jugando al beisbol, o en cualquier disciplina que practiquen. Por los momentos; esa actividad es algo que hacen sin percibir  nada más a cambio; quizá, solo satisfacción emocional, lo cual resulta de suma importancia.

El béisbol, y cualquier otro deporte en sí, no sólo nos enseñan o nos prepara para un posible mercado deportivo cuando se llegue a adulto. También nos enseña, desde lo que significa el trabajo en equipo, hasta que debemos limpiar los “tacos” (zapatos para jugar), y estar debidamente uniformado. El deporte representa una formación y un crecimiento integral. Por eso, el disfrute, la distracción, la competencia y la disciplina deben tener su verdadero orden  y su verdadero equilibrio al practicar cualquier disciplina deportiva. Cada una de esas áreas depende de la otra. En resumidas cuentas, ganar es importante; pero, a la larga, es mejor que el muchacho se divierta”, finalizó diciendo nuestro entrevistado.

Hoy en día, este Mávarez, líder de Venezuela en aquella gesta lograda en Williamsport, no es un pelotero profesional pero, en cambio, es un Licenciado en Informática. También es Director General del Ministerio Juvenil, Nexo Vivo; un grupo que se dedica a fomentar valores en los jóvenes; especialmente, aquellos relacionados con el amor a Dios”.

Esperamos que haya disfrutado de este extracto del libro “Mi Lapidario cuarto Strike”, que se llama así porque lapidario es matar a pedradas, y esas rocas que le lanzan los padres a sus hijos, casi siempre vienen después de un tercer strike. Compártelo si te gustó este artículo.

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